Pasamos casi 14 horas hablando con nosotros mismos, es el famoso diálogo interno, la comunicación tú, contigo. Se habla de que en promedio podríamos tener unos 60 mil pensamientos al día, pero lo sorprendente no es eso, sino darnos cuenta de qué tipo de pensamientos  habitan nuestra cabeza a diario. 

¿De qué está compuesto este diálogo que mantenemos con nosotros mismos? hagamos una revisión consciente de la calidad de nuestro pensamiento. ¿Cómo pensamos? ¿Qué nos decimos a diario? ¿De qué está compuesto este diálogo que mantenemos con nosotros a diario?


Te sorprenderás. 

El tipo de pensamiento que “cargamos” está, en su mayoría, lleno de quejas, juicios y críticas. Nos quejamos de todo, de la política, del deporte, de la educación, del clima… ¡de todo! Emitimos juicio de todo aquello que creemos no corresponde a nuestras creencias: “esto no está bien”, “esto está mal”,  “esto es verdad”, “esto no es cierto”, “esto es bello”, “aquello es feo…” emitimos juicio en la primera oportunidad. Y finalmente la crítica, criticamos todo aquello que no es como somos nosotros.  Este estilo de pensamiento: queja, juicio y crítica, se presenta en nuestro pensamiento en forma de pregunta:

“¿Por qué estoy tan gorda?” (Queja, juicio, crítica) “¿Por qué nada me sale bien?” (Queja, juicio, crítica) “¿Por qué es tan difícil emprender?” (Queja, juicio) “¿Por qué no me hace caso?” (Queja, juicio, crítica) “¿Por qué tengo que ir a trabajar?” (Queja, juicio, crítica).   Así pensamos. ¡Así nos comunicamos con nosotros catorce horas al día!


¿Por qué es tan importante observar el tipo de preguntas que nos hacemos todos los días? porque el tipo de preguntas que nos hacemos crea nuestra realidad. 

La calidad de las preguntas crea la calidad de nuestra vida. Las preguntas dirigen nuestro enfoque y en consecuencia, cómo pensamos y cómo sentimos. 
Veamos. ¿Cómo te sientes al pensar… “¿Por qué nada me sale bien?” mal, ¿verdad?,  eso es lo que sucede cuando nos hacemos preguntas poco capacitadoras.

Las preguntas tienen la capacidad de dirigir nuestra atención. La diferencia entre las personas que alcanzan sus objetivos y las que no radica en el tipo de preguntas que se hacen de forma consistente.  Una pregunta negativa generará un enfoque negativo y una emoción tóxica. Una pregunta correcta generará un enfoque capacitador y por lo tanto una emoción positiva.

¿Cuál es la forma más rápida de cambiar de enfoque?  Haciéndose, simplemente una nueva pregunta. La próxima vez que te descubras hablando contigo, escucha las preguntas que te haces.

 

Aquí una lista de preguntas útiles que te servirán para el logro de tus objetivos:

•¿Cómo puedo utilizar esto a mi favor?
•¿Qué plan puedo hacer para si lograrlo?
•¿Cómo si puedo afrontar esta situación?
•¿Qué otras formas hay para solucionar este asunto?
•¿Qué estoy dispuesto a hacer para si lograrlo?
•¿Qué quiero lograr?
•¿Cómo podría hacerlo?
•¿Qué puedo aprender de esto?


Evita preguntas que empiecen con un ¿Por qué? negativo y empieza a hacer preguntas que empiecen con ¿Cómo? y con ¿Qué? seguidos de una idea capacitadora.  Las preguntas ¿Por qué?  solo te llevarán a detalles o justificaciones de cosas que han quedado en el pasado: 

“¿Por qué me está pasando esto?”  Una pregunta tóxica te limita, una pregunta correcta te ilumina. Deseo que te hagas las preguntas correctas, porque las respuestas ya las tienes.

02 / Agosto / 2019

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